La economía informal digital: cómo millones venden en Facebook y WhatsApp sin aparecer en las estadísticas

Introducción

[1][2]La digitalización ha creado una nueva forma de comercio informal que no pasa por mercados tradicionales ni por plataformas formales como Amazon, Mercado Libre o tiendas en línea estructuradas. Millones de personas en América Latina –y en el mundo– venden a través de Facebook Marketplace, grupos de compra/venta y chats de WhatsApp sin generar facturas, sin usar pagos formales y sin aparecer en ninguna estadística económica oficial. En América Latina casi la mitad del empleo es informal y gran parte de esa actividad ahora aprovecha las redes sociales[2]. Incluso en países desarrollados existen estos intercambios: por ejemplo, se estima que en Estados Unidos más del 33% de los usuarios de Facebook utilizan Marketplace al menos una vez al año[3], muchas veces para ventas directas entre particulares fuera de registros formales.

Este artículo analiza el tamaño real de este fenómeno, sus causas, sus efectos en la economía nacional y por qué los gobiernos no logran medirlo correctamente. Se presenta un panorama técnico pero accesible sobre la economía informal digital, respaldado en datos de instituciones (CEPAL, INEGI, Banco Mundial, etc.) y estudios independientes recientes.

Ilustración 1 del documento original: La economía informal digital: cómo millones venden en Facebook y WhatsApp sin aparecer en las estadísticas
Figura 1: Ilustración conceptual del comercio digital informal a través de smartphones. Redes sociales como Facebook o WhatsApp permiten montar un “mini-tienda” virtual sin trámites ni costos significativos.

1. ¿Qué es la economía informal digital?

La economía informal digital representa una extensión moderna del comercio informal tradicional, pero con características nuevas: anonimato, velocidad, bajo costo de entrada y alcance masivo. En esencia, son actividades comerciales realizadas mediante tecnologías digitales pero al margen de las regulaciones formales. Esto significa que los vendedores no están registrados ante las autoridades, no pagan impuestos por estas transacciones ni emiten comprobantes fiscales. Operan en el “ciberespacio” pero fuera del radar legal y tributario. Como señala un informe de la ONU, “en el mundo digital, un negocio informal puede transaccionar por WhatsApp, conseguir clientes en Facebook —todo sin registrarse formalmente”[4]. En otras palabras, utilizan las plataformas privadas para obtener muchos beneficios de la formalidad (acceso a clientes, medios de pago digitales, etc.) evitando los costos y controles de la formalización gubernamental.

1.1 Definición y características principales

La economía informal digital incluye ventas de productos nuevos o usados a través de plataformas sociales que originalmente no fueron diseñadas como marketplaces formales. Ejemplos típicos son publicaciones en grupos de Facebook, anuncios en historias de Instagram, catálogos enviados por WhatsApp o incluso transmisiones en vivo por TikTok vendiendo mercancía. La ausencia de facturas, comprobantes fiscales o registros oficiales permite operar completamente fuera del radar tributario. Un estudio del UNDP encontró que más del 60% de las microempresas en países en desarrollo no están registradas formalmente, pero más del 80% reportan usar herramientas digitales como Facebook Marketplace para comercializar[5]. Esto evidencia cómo la tecnología ha dado nuevos canales a emprendedores informales.

Una característica fundamental de este ecosistema es la confianza interpersonal. En vez de garantías formales (p. ej. pólizas, términos de servicio, sistemas de reputación centralizados), compradores y vendedores se apoyan en reseñas informales, recomendaciones de conocidos o reputación local dentro de grupos. Por ejemplo, en México surgió el fenómeno de las “nenis” (vendedoras informales en redes sociales, principalmente Facebook), nombre derivado de la frase coloquial “¿dónde entregas, nena?” muy usada al pactar entregas[6]. Estas vendedoras construyen credibilidad con prácticas como compartir capturas de clientes satisfechos, comentarios en los grupos de venta, o simplemente cumpliendo con lo prometido para ganar buena fama. Así, la confianza entre pares reemplaza los mecanismos formales de garantía.

Además, la barrera de entrada es casi nula. No se requieren conocimientos técnicos avanzados, ni invertir en páginas web ni tramitar permisos comerciales. Cualquier persona con un celular e Internet puede publicar un anuncio en cuestión de minutos. Esto explica su crecimiento explosivo en países en desarrollo: las redes sociales ofrecen un “mercado” listo para usar, sin costos fijos ni trámites. De hecho, Facebook Marketplace impone muy pocos límites sobre lo que se puede vender, simulando la experiencia de un tianguis o mercadillo en línea[7]. La facilidad y amplitud de alcance resultante empodera a personas de bajos recursos para emprender rápidamente.

1.2 Diferencias con el comercio electrónico formal

A diferencia de plataformas reguladas (Amazon, Mercado Libre, eBay, etc.), en la economía informal digital no hay sistemas automáticos de protección al consumidor ni trazabilidad financiera. Por ejemplo, si un comprador es estafado en una compraventa vía Facebook o WhatsApp, no tiene más recurso que una denuncia informal ante la misma plataforma o autoridades locales difíciles de activar. Un especialista en derecho informático advertía que cuando se compran productos por redes sociales “no hay mecanismos de protección ni seguimiento... en muchos casos un porcentaje muy elevado son estafas”[8]. Facebook y WhatsApp proveen solo el canal; no se hacen responsables por fraudes entre usuarios particulares[9]. En plataformas formales, por el contrario, suelen existir programas de protección al comprador, políticas de reembolso, mediación de disputas y seguros de envío.

El pago en este tipo de comercio suele realizarse en efectivo en persona, transferencias bancarias directas, pagos vía apps informales o depósitos a cuentas personales – generalmente sin dejar rastro oficial. No pasan por pasarelas de pago fiscales ni generan registros en las cuentas de actividad empresarial. Del mismo modo, los envíos tampoco siguen estándares logísticos formales: es común el uso de servicios de mensajería independientes (motociclistas, conductores de aplicaciones de transporte) o el delivery personal a mitad de camino. Esto reduce costos y facilita la inmediatez, pero aumenta el riesgo y la informalidad: no hay guías de envío, seguros, ni cumplimiento de normativas de transporte comercial.

Todas estas diferencias estructurales impiden que las estadísticas gubernamentales capturen el valor real de estas transacciones. Las ventas suceden “por debajo del radar”: no se facturan, no se registran en sistemas contables oficiales ni en cuentas bancarias empresariales. Por ello, aunque la actividad económica es real (productos que cambian de manos, dinero que circula), no figura en el PIB ni en los censos económicos convencionales. Existe así una brecha creciente entre la economía realmente vivida (real economy) y la economía medida y reportada por las autoridades.

2. Magnitud del fenómeno: por qué no aparece en las estadísticas oficiales

Las agencias estadísticas (como INEGI en México, oficinas de estadística nacionales, o incluso organismos como CEPAL, FMI) utilizan metodologías pensadas para el comercio formal. Se basan en encuestas a establecimientos registrados, declaraciones fiscales, registros aduaneros, reportes bancarios, etc. La economía informal digital se escapa por completo de estas vías de medición tradicionales. Al no haber empresas registradas ni transacciones bancarias identificables, es como si este enorme volumen de comercio fuera invisible para el sistema estadístico.

2.1 Limitaciones en la medición del PIB y el empleo informal

El Producto Interno Bruto (PIB) de un país solo contabiliza la producción declarada oficialmente o, en su defecto, estimaciones indirectas basadas en sectores formales. Las ventas por redes sociales no tienen rastro administrativo, por lo que millones de transacciones quedan por fuera de los cálculos. Si bien algunos institutos incorporan estimaciones de economía informal tradicional (por ejemplo, INEGI calcula que alrededor del 22-23% del PIB de México es generado por el sector informal tradicional[1]), estas estimaciones suelen basarse en encuestas de ocupación y métodos agregados. La nueva modalidad digital es más difícil de estimar, porque transcurre en canales no monitoreados (grupos privados en línea, mensajes cifrados de WhatsApp, etc.). No hay facturas ni registros de inventario que permitan aplicar los métodos usuales de contabilidad nacional. En consecuencia, toda esa producción y intercambio no aparece reflejada en el PIB, subestimando posiblemente el tamaño real de la economía. Algunos análisis extremos señalan que en economías altamente informales podría haber una brecha enorme: por ejemplo, en Venezuela fuentes independientes han llegado a estimar que la economía sumergida (incluyendo informal tradicional y digital) equivale entre el 40% y 60% del PIB[10].

Algo similar ocurre con las estadísticas laborales. Las encuestas de empleo y ocupación, al preguntar por la condición de trabajador, difícilmente capturan a quienes venden esporádicamente por Facebook o Instagram. Muchos de estos vendedores no se consideran a sí mismos “empleados” ni “negociantes”, sino que lo ven como un ingreso secundario o temporal. Si en una encuesta se les pregunta su ocupación principal, quizás respondan “hogar”, “estudiante” o su empleo formal, omitiendo la actividad de ventas informales en línea. Esto genera una economía “fantasma” que sí mueve recursos reales, pero no existe jurídicamente para el Estado. Un informe de CEPAL para 2024 indica que la tasa de empleo informal promedio en AL sigue alrededor de 47%[2], mostrando la persistencia de la informalidad; sin embargo, dentro de ese porcentaje el componente digital permanece estadísticamente difuso.

Otro punto ciego es que las herramientas tradicionales de auditoría (inspecciones fiscales, verificaciones en sitio) no aplican aquí. Por ejemplo, una tienda física informal eventualmente podría ser detectada por inspección en un tianguis o mercado; pero un vendedor digital opera desde su hogar, con alcance disperso a clientes, y solo se reúne para entregar productos. Las autoridades no tienen un espacio físico fijo que supervisar ni una ruta financiera que auditar. La experta María C. Villavicencio explica que es complejo controlar estas ventas porque los vendedores “se hacen de mañas” para no mostrar de forma visible su actividad, y muchas veces incluso venden contrabando por redes sociales sin pasar Aduanas[11][12]. Aunque se promulgara una ley para controlar ofertas en redes, la efectividad dependería de una capacidad de monitoreo que hoy los gobiernos no poseen.

2.2 Volúmenes estimados por estudios independientes

Ante la opacidad en las estadísticas oficiales, investigadores de universidades, consultoras y organismos internacionales han tratado de estimar indirectamente la magnitud de la economía informal digital. Los resultados varían ampliamente, ya que todavía no existe una metodología unificada. Algunos estudios de caso sugieren que podría representar entre el 1% y el 8% del PIB de un país[13][14]. Esta gran brecha refleja la incertidumbre: en economías con menor penetración de Internet, la contribución digital informal tal vez ronde ese 1%, mientras que en naciones muy conectadas y con alta informalidad podría acercarse a cifras mayores de un dígito. Por ejemplo, un informe del PNUD en Guatemala estimó que entre 3.5 y 4 millones de personas (sobre ~17 millones de habitantes) participan activamente en comercio a través de Facebook Marketplace u otras plataformas allí[13]. Esto equivale a más del 20% de la población guatemalteca involucrada en estas actividades comerciales informales digitales, un número enorme que no se refleja ni en el registro de empresas ni en el PIB oficiales de ese país.

A falta de datos oficiales, gran parte de lo que sabemos proviene de métricas indirectas. Entre ellas: la actividad observada en grupos de compraventa (contando número de miembros y transacciones publicadas), encuestas de comportamiento digital y testimonios recopilados. Algunas instituciones han propuesto enfoques creativos: “podríamos estimar el número de negocios informales en una ciudad contando cuántos vendedores hay en Facebook Marketplace en esa ciudad”, sugiere un análisis de la ONU[15]. De igual modo, Facebook mismo reportó que su Marketplace alcanzó 1,000 millones de usuarios globales en 2021[16], y se calcula que 80 millones de pequeñas empresas en el mundo lo utilizan para vender[3]. Si bien no todas esas ventas son informales (muchas PYMEs registradas también usan Marketplace), sí evidencia la enorme escala del fenómeno. En América Latina, algunas encuestas sugieren que más del 50% del comercio vía redes sociales ocurre sin factura (es decir, completamente informal) – un dato consistente con la percepción de la amplia mayoría de transacciones C2C (consumidor a consumidor) y B2C pequeño no son reportadas. Asimismo, uno de cada tres nuevos emprendedores digitales indica haber iniciado sus ventas en WhatsApp o Facebook antes de dar el salto a canales formales, según encuestas de aceleradoras de negocios (indicando que las redes sociales son semillero de emprendimiento)[5]. Aunque estas cifras varían, todas apuntan a que la economía sumergida digital mueve ya miles de millones de dólares y emplea a millones de personas, a pesar de su invisibilidad en las cuentas nacionales.

Ilustración 2 del documento original: La economía informal digital: cómo millones venden en Facebook y WhatsApp sin aparecer en las estadísticas
Figura 2: Ilustración de un mercado tradicional de vendedores ambulantes. Este tipo de comercio presencial informal tiene similitudes con su contraparte digital en redes sociales: muchos vendedores pequeños, transacciones directas, sin regulación formal. Las redes sociales han trasladado en parte este “tianguis” al mundo en línea.

3. Factores que impulsan la economía informal digital

La expansión del comercio informal en redes sociales no es accidental: responde a un conjunto de factores económicos, tecnológicos y culturales que favorecen este modelo de ventas. Estos factores explican por qué tantas personas optan por vender en Facebook, WhatsApp o Instagram en vez de hacerlo por vías formales.

3.1 Costos, facilidad de uso y velocidad

Un motor principal es el bajo costo y la facilidad de uso de las plataformas sociales como canales de venta. Montar una tienda formal implica gastos en constitución legal, alquiler de local o comisiones de una plataforma, invertir en inventario documentado, pagar impuestos, etc. En cambio, vender por Facebook o WhatsApp no conlleva prácticamente costos fijos: las plataformas son gratuitas y el vendedor puede improvisar anuncios con fotos tomadas con su celular. Esto elimina la barrera económica de entrada y democratiza el emprendimiento. No sorprende que en mercados emergentes con grandes poblaciones informales, la mayoría de pequeños negocios use WhatsApp y Facebook como herramientas primarias: un estudio mostró que 80% de las pequeñas empresas en India y Brasil utilizan WhatsApp para comunicarse con clientes y potenciar sus ventas[17] (países donde WhatsApp es casi omnipresente). Del lado de Facebook, la empresa reporta más de 1,000 millones de usuarios activos mensuales en Marketplace[16], lo que representa un escaparate global de tamaño colosal a costo cero para el vendedor.

Asimismo, la velocidad es un atractivo: un producto puede publicarse y venderse en cuestión de minutos. Un emprendedor puede tomar foto a un artículo, subirla a un grupo local y concretar su venta el mismo día, algo difícil de lograr en el comercio formal donde median procesos logísticos más rígidos. La inmediatez y la interacción directa generan una sensación de proximidad que muchos consumidores valoran más que la formalidad. Por ejemplo, durante la pandemia se observaron miles de casos de microemprendedores informales que migraron a WhatsApp o Facebook y lograron ventas casi instantáneas entre su red de contactos. Las plataformas sociales tienen alcance masivo y viralidad: un solo post puede llegar a cientos de compradores potenciales en horas. Esta eficiencia supera por mucho la de poner un puesto físico ambulante (limitado por la geografía) o la de inscribirse en un marketplace formal con trámites. Como describía Bored Panda en tono humorístico, Facebook Marketplace impone tan pocas restricciones que navegar en él “se siente como recorrer una venta de garaje”[7], con la diferencia de que está disponible las 24 horas y para millones de usuarios a la vez.

En conjunto, la ecuación costo-beneficio es muy positiva para los informales digitales: cero trámites, cero comisiones, alcance ilimitado. Esto ha empoderado a poblaciones de bajos recursos –que tradicionalmente estaban excluidas de emprendimientos por falta de capital– a participar en el comercio. Por ejemplo, mujeres en zonas rurales con solo un smartphone ahora pueden vender productos artesanales en grupos de Facebook, algo impensable sin estas herramientas digitales. La facilidad también ha permitido una explosión de la oferta: cualquier objeto en casa puede ponerse a la venta, desde ropa usada hasta alimentos caseros, generando ingreso extra familiar. Esta comodidad y rapidez aseguran que el modelo siga creciendo.

3.2 Desconfianza en instituciones y barreras regulatorias

Otro factor crucial es la desconfianza en las instituciones formales y las elevadas barreras de la legalidad en muchos países en desarrollo. En Latinoamérica, por ejemplo, abrir un negocio formal suele implicar trámites largos, costos notariales, registrarse ante Hacienda, cumplir regulaciones sanitarias, laborales, etc. Para un microemprendedor que solo quiere vender, ese laberinto burocrático es desalentador. Las redes sociales ofrecen una vía mucho más simple y rápida: en lugar de tardar meses en formalizarse, uno puede empezar a vender hoy mismo con solo una cuenta de Facebook. En México se ha documentado que la complejidad normativa empuja a la informalidad tradicional, y lo mismo ocurre en el plano digital.

A esto se suma que muchos vendedores pequeños desconfían del sistema financiero y gubernamental. Prefieren manejar efectivo o transferencias informales antes que registrarse para pagar impuestos o usar plataformas de pago supervisadas. Temen, en algunos casos, que formalizarse les traiga más problemas que beneficios. Según observaciones del UNDP, “la falta de confianza en las compañías de servicios financieros y el gobierno” hace que potenciales usuarios sean cautelosos de las soluciones plenamente digitales formales[18]. Es decir, muchas personas sienten que al mantener su negocio en el espacio informal evitan inspecciones, multas, impuestos altos, o incluso corrupción de autoridades. En contextos donde la corrupción es percibida como alta, el emprendedor puede pensar que “mejor me quedo chico e informal que formal y en la mira del fisco”.

También existen barreras regulatorias excluyentes: por ejemplo, exigencias de estudios o licencias para ciertos giros, requisitos de capital mínimo, pertenecer a ciertos registros de comercio, etc., que de facto dejan fuera a población vulnerable. Frente a esto, las redes sociales no le preguntan a uno su situación fiscal o su licencia comercial; cualquier persona puede ofrecer sus servicios (desde clases particulares hasta comida hecha en casa) sin necesidad de credenciales oficiales. Un informe señala que el esfuerzo requerido para unirse a WhatsApp y comenzar a transaccionar es mucho menor que el necesario para registrar un negocio o abrir una cuenta bancaria[19]. Este contraste entre la flexibilidad de la plataforma privada y la rigidez del Estado crea el ambiente perfecto para que florezca la informalidad digital.

En suma, las trabas de la formalidad (impuestos, trámites, regulación) y la falta de confianza en las instituciones impulsan a miles de personas hacia la vía “alternativa” de las redes sociales. Es un camino percibido como seguro en el corto plazo (evitar fiscalización) aunque conlleve riesgos en el largo (falta de protección y estabilidad). Muchos vendedores informales digitales son en realidad emprendedores por necesidad que encuentran en Facebook/WhatsApp el refugio para ganarse la vida sin tantas complicaciones legales.

3.3 Cultura digital y redes comunitarias

El aspecto sociocultural también ha sido determinante. En numerosos países latinoamericanos, los grupos de Facebook funcionan como verdaderos “mercados locales digitales”, reproduciendo dinámicas de tianguis y ferias tradicionales. Las comunidades en línea se organizan por barrios, ciudades o afinidades (por ejemplo, “Compra y Venta [Ciudad]”) y en ellas la gente prefiere comprar a alguien conocido o recomendado. Esto refleja la cultura de mercado callejero llevada al ámbito digital: regateo en los comentarios, venta de garaje virtual los fines de semana, anuncios coloridos, etc. Por ejemplo, en Buenos Aires existen grupos de trueque en Facebook con decenas de miles de miembros, recordando el intercambio comunitario de épocas de crisis. En México, como se mencionó, la generación de las “nenis” mayormente mujeres jóvenes, convirtió sus redes sociales en puestos de mercado itinerantes, apoyándose en lenguaje y confianza coloquial[6]. Esta apropiación cultural de la tecnología ha permitido que el comercio informal digital crezca incluso durante crisis económicas o pandemias, porque se adapta a la idiosincrasia local.

WhatsApp refuerza la venta por recomendación personal: abundan los casos donde alguien inicia un negocio informal (por ejemplo, repostería casera) y sus primeros clientes llegan por difusión en chats de familia o vecinos. La confianza se basa en conocidos – “te encargo tal producto porque vi que la prima de un amigo lo vende en su estado de WhatsApp”. Esto genera una red de apoyo comunitario similar a las economías barriales tradicionales. En países con fuerte cultura de barrio, esta modalidad encaja perfectamente: la tecnología solo expande el alcance de la voz a voz de toda la vida. De hecho, datos de una encuesta global indican que ~65% de los usuarios se sienten más confiados mensajeando a un negocio por WhatsApp que enviando un correo formal[20], lo cual habla de cómo la comunicación cercana de las apps genera confianza y familiaridad.

Culturalmente, también hay que destacar el rol de la mujer en este fenómeno. Muchas mujeres que enfrentan barreras para trabajar fuera de casa (por cuidado de hijos, prejuicios laborales, etc.) han encontrado en las redes sociales una vía de autonomía económica. Estudios en México y América Latina señalan que las mujeres emprendedoras informales tienden a usar más herramientas digitales, pero aun así permanecen en la informalidad por las cargas familiares[21]. La cultura de ventas por catálogo (Avon, Tupperware, Natura, etc.), muy arraigada en la región, evolucionó naturalmente al catálogo por WhatsApp y Facebook. Las mismas redes que servían para socializar ahora sirven para comerciar, difuminando la línea entre la vida social y la actividad económica.

En España y otras partes de Europa, aunque la informalidad es menor, también existe una cultura de segunda mano por apps (Wallapop, Vinted, etc.) que constituye una economía sumergida relevante. De hecho, la Unión Europea implementó en 2023 la directiva DAC7 para que las plataformas de compraventa reporten a Hacienda a los vendedores con más de 30 ventas o 2000€ anuales, en un esfuerzo explícito por destapar esa economía oculta[22][23]. Esto muestra que la cultura digital de compraventa entre personas es global, si bien en América Latina y zonas en desarrollo tiene un peso mayor relativo. Aun cuando solo una minoría sobrepasa esos umbrales (España calcula que solo ~1% de usuarios de Wallapop caería bajo fiscalización[24]), la medida refleja la importancia de esa base cultural de comercio informal P2P (peer to peer).

Ilustración 3 del documento original: La economía informal digital: cómo millones venden en Facebook y WhatsApp sin aparecer en las estadísticas
Figura 3: Ilustración de compradoras utilizando el teléfono móvil. Gran parte del comercio informal digital se construye sobre la confianza social y comunitaria, especialmente entre mujeres jóvenes que recomiendan y venden productos en círculos cercanos.

En resumen, la economía informal digital se ve impulsada no solo por factores económicos y tecnológicos, sino por la adaptación cultural de las comunidades. Las redes sociales se han integrado a la vida cotidiana de tal forma que comprarle a alguien por Facebook no se percibe muy distinto a comprar en el mercado del barrio – a pesar de hacerse en línea. Esto ha generado un ecosistema donde la informalidad digital crece orgánicamente, aprovechando la estructura social preexistente y las afinidades locales ahora conectadas globalmente.

Conclusiones

La economía informal digital es gigantesca, dinámica y casi invisible para las estadísticas oficiales. Hemos visto que ofrece oportunidades económicas a millones de personas –permitiéndoles generar ingresos con bajos costos y alta flexibilidad–, pero también presenta retos importantes. En términos de seguridad y confianza, el comprador asume riesgos al no haber protecciones formales, y el vendedor informal carece de acceso a apoyos o financiamiento por estar fuera de la legalidad. En materia de derechos del consumidor, surgen problemas de estafas, productos de baja calidad o incluso ilegales circulando sin control (medicamentos, alimentos no regulados). Para los Estados, el crecimiento de estas transacciones significa pérdida de recaudación fiscal significativa y dificultad para calcular indicadores económicos reales, lo que puede derivar en políticas públicas mal calibradas. Además, la competencia desleal hacia comercios formales (que sí pagan impuestos y cumplen normas) puede distorsionar sectores enteros.

Ahora bien, la solución no es reprimir o ignorar este fenómeno, sino comprenderlo y adaptarse. La realidad digital del comercio actual exige que los gobiernos modernicen sus enfoques. Algunas recomendaciones que surgen de los análisis serían: diseñar vías simplificadas de formalización que atraigan a estos vendedores (por ejemplo, regímenes fiscales ultra sencillos, registro en línea en minutos), aprovechar los datos disponibles (monitorear actividad en redes de forma respetuosa con privacidad) para estimar mejor el flujo económico, e incluso colaborar con las plataformas para educar y proteger a usuarios sin frenar la actividad. Por ejemplo, Facebook y gobiernos podrían acordar mecanismos para identificar vendedores de alto volumen e invitarlos a formalizarse con incentivos en vez de sanciones.

La CEPAL subraya la necesidad de políticas efectivas que fomenten condiciones laborales más seguras y estables en la región[2], lo cual incluye reconocer nuevas formas de trabajo y comercio digital. Esto implicará innovación institucional: quizá crear categorías intermedias de emprendimiento digital, o mercados virtuales municipales supervisados, etc. Algunas ciudades han empezado a implementar directorios de emprendedores en redes para apoyarlos y regularlos suavemente.

En cualquier caso, ignorar la economía informal digital ya no es opción. Representa una proporción creciente de la economía real y del sustento de la población, especialmente tras el impulso de la pandemia que digitalizó a muchos negocios informales[25]. Así como la informalidad tradicional fue por décadas el “amortiguador” de crisis en América Latina, la informalidad digital jugó ese rol durante el confinamiento y lo seguirá haciendo. La meta debe ser lograr que ese dinamismo se traduzca gradualmente en crecimiento inclusivo y no en un lastre para la productividad.

En conclusión, nos encontramos ante un cambio de paradigma en el comercio informal. La tiendita en casa, el puesto ambulante y el trueque comunitario tienen ahora equivalentes en WhatsApp, Facebook e Instagram. Los gobiernos enfrentan el desafío de hacer visible lo invisible: cuantificar y regular inteligentemente esta economía paralela sin ahogar su espíritu emprendedor. Para ello hará falta actualizar marcos legales, innovar en medición estadística y sobre todo entender que detrás de cada “neni”, de cada vendedor por chat, hay una persona buscando oportunidades. Integrarlos a una economía formal más flexible y moderna podría potenciar un crecimiento inclusivo, mientras que ignorarlos sería quedarse con estadísticas cada vez más alejadas de la realidad. El reto es grande, pero también lo es el potencial beneficio de reconocer y potenciar la realidad digital del comercio actual.

Referencias

  • CEPAL (2024). Economías de América Latina y el Caribe mantienen un bajo crecimiento... Comunicado de prensa, 18 Dic 2024[2]. Informe que incluye la tasa de informalidad laboral promedio (46.7%) y la necesidad de políticas para formalización.
  • Tapia Álvarez, M.D. et al. (2021). El emprendimiento informal en redes sociales con perspectiva de género... Revista INCAING, pp.54-59[1][6]. Estudio sobre mujeres que venden en Facebook (fenómeno “nenis”) y datos de informalidad en México (6 de cada 10 trabajadores informales generan ~22.7% del PIB).
  • Villavicencio, M.C. (2021). Entrevista en El Deber: “Las personas deben asumir los riesgos de comprar sin garantía”[8][9]. Experta en derecho informático describe la falta de protección y la informalidad prevalente en ventas vía redes sociales en Bolivia.
  • UNDP Accelerator Labs (2023). Informal businesses and the shift to digital: What we learned from small enterprises...[15][5]. Blog de PNUD con resultados de encuesta en 13 países: 60% de negocios no registrados y >80% usan Facebook/WhatsApp; destaca que Marketplace alcanzó 1 mil millón de usuarios en 2021.
  • UNDP (2022). Informality: Digitalization (Acclab analysis)[4][19]. Artículo que señala que en el mundo digital un negocio informal puede operar totalmente vía WhatsApp/Facebook sin registrarse, y compara el esfuerzo de digitalizarse vs formalizarse.
  • Market.us (2025). Facebook Marketplace Statistics and Facts[3]. Compendio de estadísticas: más de 80 millones de pequeñas empresas usan Facebook Marketplace globalmente; ~33% de usuarios de Facebook en EEUU lo utilizan anualmente.
  • Bored Panda (2023). 30 Screenshots That Prove Facebook Marketplace Is an Unhinged but Hilarious Mess[7]. Artículo lúdico que comenta la amplitud de productos en Marketplace y que la experiencia se asemeja a un “garage sale” por la ausencia de límites estrictos.
  • Xataka (2024). “Hacienda contempla multas por vender en Vinted y Wallapop sin declararlo...” – Jose García[22][23]. Noticia tecnológica que explica la Directiva DAC7 en la UE: reporte de vendedores con >30 ventas o >2,000€ para combatir economía sumergida en plataformas de segunda mano; nota que apenas 1% de usuarios serían afectados.
  • Observador Venezolano de Finanzas (2022). Economía informal en Venezuela alcanza 40-60% del PIB[10]. Estimación citada en Nodal (portal de noticias), ilustrativa del alto peso de la informalidad en contextos de crisis extrema.
  • Trengo (2025). 45 WhatsApp Business Statistics You Need to Know[26][27]. Reporte con datos de uso de WhatsApp Business: más de 50 millones de usuarios empresariales, 80% de pequeños negocios en India y Brasil lo usan para comunicarse con clientes, etc.

[1] [6] ojsincaing.com.mx

https://ojsincaing.com.mx/index.php/ediciones/article/download/14/emprendimiento/171

[2] Economías de América Latina y el Caribe mantienen un bajo crecimiento y se expandirán 2,2% en 2024 y 2,4% en 2025: CEPAL | CEPAL

https://www.cepal.org/es/comunicados/economias-america-latina-caribe-mantienen-un-crecimiento-se-expandiran-22-2024-24-2025

[3] Facebook Marketplace Statistics and Facts (2025)

https://scoop.market.us/facebook-marketplace-statistics/

[4] [18] [19] Informality: Digitalization | United Nations Development Programme

https://www.undp.org/acceleratorlabs/our-work/informality

[5] [15] [16] [21] [25] Informal businesses and the shift to digital: What we learned from small enterprises joining the digital economy | United Nations Development Programme

https://www.undp.org/acceleratorlabs/blog/informal-businesses-and-shift-digital-what-we-learned-small-enterprises-joining-digital-economy

[7] 30 Screenshots That Prove Facebook Marketplace Is An Unhinged But Hilarious Mess | Bored Panda

https://www.boredpanda.com/weird-facebook-marketplace-items/

[8] [9] [11] [12] “Las personas deben asumir los riesgos de comprar sin garantía”

https://eldeber.com.bo/edicion-impresa/las-personas-deben-asumir-los-riesgos-de-comprar-sin-garantia_243456/

[10] Venezuela: el comercio informal ocupa entre el 40% y el 60% del PIB

https://www.nodal.am/2025/09/venezuela-el-comercio-informal-ocupa-entre-el-40-y-el-60-del-pib/

[13] [14] Empleo en plataformas digitales: perspectivas sobre la informalidad y nuevas formas de informalidad ante el auge de la economia digital

https://www.undp.org/sites/g/files/zskgke326/files/2025-10/undplac-wp54_caso-guatemala.pdf

[17] Introducing the WhatsApp Business App - WhatsApp Blog

https://blog.whatsapp.com/introducing-the-whats-app-business-app

[20] [26] 45 WhatsApp Business Statistics You Need To Know In 2026 | Trengo

https://trengo.com/blog/whatsapp-business-statistics

[22] [23] [24] Hacienda contempla multas por vender en Vinted y Wallapop sin declararlo. En realidad solo afectarán al 1% de vendedores

https://www.xataka.com/aplicaciones/hacienda-contempla-multas-vender-vinted-wallapop-declararlo-realidad-solo-afectaran-al-1-vendedores

[27] Latest WhatsApp Business Statistics and Trends in 2025

https://gallabox.com/blog/whatsapp-business-statistics