Comunidades que viven sin electricidad en pleno siglo XXI

Niño de una comunidad rural con una lámpara de queroseno al anochecer

A pesar de los avances globales en tecnología e infraestructuras, millones de personas todavía carecen de acceso a la electricidad. Según la Agencia Internacional de la Energía (IEA), en 2023 unos 750 millones de personas en el mundo no tenían luz eléctrica[1]. Esta carencia afecta directamente la salud, la educación y el desarrollo económico local: sin electricidad no es posible cocinar con tecnologías limpias ni conservar alimentos, se reduce el tiempo de estudio y la productividad, y se limita la provisión de servicios básicos[2][3]. Las causas de esta desigualdad energética son complejas e incluyen factores geográficos (zonas montañosas o selváticas de difícil acceso), económicos (altos costos de extensión de redes), políticos (falta de inversión estatal o marginación de comunidades indígenas) y socioculturales. En este contexto, resulta crucial identificar dónde están estas comunidades, cómo subsisten sin energía moderna y qué estrategias se aplican para conectar al mundo al siglo XXI.

1. Distribución global de comunidades sin electricidad

La falta de acceso eléctrico se concentra principalmente en países en desarrollo de África y Asia. En 2023, unos 750 millones de personas carecían de electricidad[1], cifra que apenas ha disminuido tras la pandemia. Esta brecha se cierra muy lentamente: las conexiones nuevas por año son insuficientes para seguir el ritmo de la expansión demográfica, especialmente en zonas rurales aisladas.

El mapa global de iluminación nocturna refleja esta desigualdad. En regiones desarrolladas (Norteamérica, Europa, grandes ciudades asiáticas) la iluminación es abundante, mientras que vastas áreas de África subsahariana, Asia y partes remotas de América Latina permanecen casi oscuras. Estas zonas oscuras corresponden a comunidades rurales o indígenas sin redes eléctricas, donde la economía de subsistencia y las estructuras dispersas dificultan el electrificación.

1.1 África Subsahariana: la región más afectada

En África Subsahariana reside la mayoría (aproximadamente 600 millones) de las personas sin electricidad[1][4]. Países como Chad, Níger o la República Democrática del Congo tienen tasas de acceso extremadamente bajas. Por ejemplo, en Chad apenas el 4 % de la población tenía electricidad en 2020. Esta situación responde a varios factores: la pobreza estructural y los conflictos internos han desviado la inversión pública y privada, mientras que las enormes distancias entre aldeas hacen que tender líneas de alta tensión sea prohibitivamente caro. En este escenario, la infraestructura eléctrica convencional avanza muy lentamente.

Sistema solar de bombeo de agua en Kagarawal, Gombe, Nigeria

Por ello, se exploran soluciones descentralizadas. Por ejemplo, proyectos de microredes solares comunitarias han surgido en varios países. Iniciativas similares permiten extender cierta energía (para alumbrado o recarga de aparatos) sin depender de la red nacional, acelerando así la electrificación rural en áreas remotas.

1.2 Asia Meridional y el Sudeste Asiático

En Asia Meridional y Sudeste Asiático la situación es más heterogénea. Países densamente poblados como India o Indonesia han alcanzado prácticamente acceso universal a la electricidad[1], gracias a masivos programas de electrificación. Sin embargo, otras naciones aún enfrentan grandes desafíos. En Nepal, las aldeas de montaña se electrifican lentamente por la topografía escarpada, lo que obliga a muchas comunidades a depender de lámparas de aceite o pequeños generadores diésel intermitentes. De igual modo, en Myanmar, Afganistán o Pakistán las regiones rurales pierden terreno por la falta de planificación energética y recursos técnicos. A pesar de ello, en años recientes varios países asiáticos han implementado soluciones de mini-hidroeléctricas locales y paneles solares domésticos. Estas tecnologías han comenzado a iluminar miles de comunidades, reduciendo la brecha con las zonas urbanas.

1.3 América Latina: islas rurales desconectadas

En América Latina el acceso a la red eléctrica es alto a nivel nacional (cercano al 98 %), pero persisten “islas” rurales aisladas. Comunidades indígenas en la Amazonía (Brasil, Perú, Colombia) y pueblos serranos de las montañas mexicanas o andinas carecen de suministro. La densidad forestal, la orografía accidentada y la lejanía de centros de población encarecen las obras. Ante esto, algunas regiones han implementado proyectos de energía renovable comunitaria (solar, eólica o mini-hidráulica) que conectan pequeños centros poblados. Con el tiempo estas iniciativas contribuyen a reducir gradualmente las áreas oscuras en el mapa energético de la región.

2. Cómo viven las comunidades sin electricidad

Vivir sin energía eléctrica moderna implica adaptarse con ingenio, pero también sufrir limitaciones sustanciales. Las familias desarrollan prácticas tradicionales para cocinar, iluminarse y almacenar alimentos, revelando gran resiliencia. Sin embargo, estos métodos afectan la salud y la productividad. En ausencia de red, los hogares rurales utilizan velas, lámparas de keroseno o fogones de madera y carbón[2]. Estas fuentes generan riesgos: el humo de los fogones y las lámparas queman material particulado que provoca enfermedades respiratorias, sobre todo en mujeres y niños. Además existe peligro de incendios y quemaduras. La iluminación pobre reduce drásticamente las horas de estudio o trabajo nocturno, ya que es difícil leer o coser con luz tenue. Investigaciones del Banco Mundial resaltan que la electrificación escolar mejora las horas efectivas de estudio; por el contrario, sin luz adecuada los alumnos disponen de menos tiempo y concentración para las tareas[3].

En la cocina y la economía local, la falta de energía se nota aún más. Sin refrigeración no hay modo de conservar alimentos perecederos, vacunas o medicamentos, lo que limita la apertura de tiendas o la calidad de la atención sanitaria. Pequeños comercios y talleres rurales deben operar manualmente; por ejemplo, moler granos, afilar herramientas o elaborar artesanías sin máquinas eléctricas, lo que restringe su escala y productividad. En muchos casos, el ingreso familiar queda atado a la siembra y el trueque. Recientemente, la instalación de micro-redes solares en algunas aldeas ha permitido la llegada de equipos sencillos (ventiladores, lámparas LED, refrigeradores pequeños). Estos avances muestran que con energía local renovable los negocios pueden diversificarse y aumentar sus ingresos, abriendo una ventana de prosperidad incluso sin conexión a la red principal.

En el ámbito educativo la brecha es severa. Las escuelas rurales sin electricidad carecen de iluminación y equipamiento básico: no hay computadoras, ni conexiones de Internet ni proyectores. Esto implica que la enseñanza es exclusivamente presencial y limitada al horario de sol. Los estudiantes no pueden acceder a recursos digitales ni al aprendizaje a distancia. Estudios del BID indican que electrificar las escuelas rurales permite extender el horario lectivo nocturno y mejora significativamente el rendimiento académico[3]. Sin energía eléctrica, las comunidades quedan fuera de la llamada “brecha digital”: sin electricidad no hay radiofórmulas ni cargadores para celulares ni enrutadores Wi-Fi, lo que perpetúa el aislamiento informativo y educativo. En suma, la carencia eléctrica solidifica ciclos de pobreza al negar la innovación pedagógica y las oportunidades de capacitación que ofrece el mundo conectado.

3. Razones por las que estas comunidades siguen sin electrificación

Las barreras para electrificar zonas aisladas son múltiples y se superponen. Más allá de la solución técnica (tender redes), existen factores políticos, económicos y sociales que impiden el avance. En muchos casos, la baja densidad poblacional hace que el costo de extensión eléctrica sea muy alto para el beneficio esperado. Además, a veces la decisión política prioriza otras inversiones en lugar de llegar a todas las comunidades.

3.1 Costo y dificultad del tendido eléctrico

El costo de instalar y mantener líneas en selvas densas, montañas o desiertos puede ser prohibitivo. El transporte de postes y cables hacia lugares inaccesibles encarece la obra varias veces respecto a zonas llanas. Las autoridades deben evaluar un retorno económico muy bajo: conectar a 100 viviendas rurales aisladas consume recursos similares a los usados para un proyecto urbano, pero con tarifas muy reducidas para los usuarios. Esto obliga a buscar alternativas descentralizadas. El modelo de gran red nacional resulta poco práctico para muchas comunidades; por ello se promueve el uso de sistemas solares o híbridos locales que abaratan la inversión inicial. Aun así, el costo sigue siendo un obstáculo. A menudo, incluso cuando la infraestructura llega a la entrada de la aldea, el gasto de habilitar la conexión individual (poste interno, medidor) es alto para familias de ingresos muy bajos.

3.2 Factores políticos, sociales y étnicos

En ocasiones, los propios límites administrativos o las tensiones étnicas agravan la exclusión energética. Hay comunidades indígenas o afrodescendientes cuyos territorios no son formalmente reconocidos, y por ello los programas públicos no contemplan sus demandas. Además, en algunos casos las propias poblaciones rechazan las redes convencionales por mantener modos de vida tradicionales. Falta representación política de estas comunidades, de modo que sus necesidades energéticas no figuran entre las prioridades gubernamentales. Otros conflictos locales (guerras civiles, inseguridad) desalientan la inversión en infraestructura, pues las empresas temen por la seguridad de sus operarios y equipos. Así, la política y las dinámicas sociales condicionan fuertemente quién queda en la oscuridad: no es sólo geografía, sino también historia y poder lo que determina la exclusión energética.

3.3 Limitaciones económicas individuales

Por último, aún cuando se instala la infraestructura eléctrica, los hogares a veces no pueden permitirse conectarse. La tarifa mensual o el costo de la instalación pueden superar los ingresos de una familia pobre. Por ello es común que existan redes “fantasma”: los postes y líneas pasan cerca, pero los medidores no llegan a las viviendas. En otras palabras, la electricidad está disponible en la zona, pero quienes la necesitan no pueden financiar los costos iniciales de conexión. Esto ocasiona que incluso en regiones electrificadas formalmente queden bolsillos de población sin servicio. Para algunos gobiernos, esto plantea dilemas: ¿subvencionar costos para estas familias o esperar a que mejoren sus ingresos? Mientras tanto, las comunidades afectadas siguen sin luz, atadas al ciclo de pobreza.

Conclusiones

Las comunidades sin acceso a la electricidad en pleno siglo XXI representan una de las desigualdades energéticas más persistentes. Aunque las redes eléctricas mundiales se expanden, persiste una fracción significativa de la población mundial viviendo al margen del desarrollo energético. Esta carencia no sólo limita la posibilidad de encender un foco: tiene repercusiones profundas en la salud (contaminación interior por cocción a leña o queroseno), en la educación (sin iluminación adecuada, menos horas de estudio) y en la economía local (imposibilidad de conservar alimentos o utilizar herramientas eléctricas). Romper este ciclo exige tanto inversiones en infraestructura como políticas inclusivas.

La revolución de las energías renovables ofrece hoy alternativas descentralizadas prometedoras: micro-redes solares, eólicas o sistemas híbridos pueden llevar luz a zonas remotas con menores costos variables que las grandes redes. Iniciativas recientes muestran resultados positivos cuando las comunidades participan en el diseño y operación de las soluciones energéticas. Sin embargo, estos proyectos requieren financiamiento sostenible, capacitación técnica local y voluntad política. Impulsar programas de electrificación rural que atiendan a los sectores marginados (indígenas, montañosos, posconflicto) será clave. En última instancia, cerrar la brecha energética contribuye directamente a cumplir la Agenda 2030: dotar de oportunidades reales a millones de personas hasta ahora “en la oscuridad”, para que puedan mejorar sus condiciones de vida y participar plenamente en el desarrollo social y económico.

Referencias

  • International Energy Agency (IEA). Access to electricity – SDG7: Data and Projections (2024). Paris. Disponible en: https://www.iea.org/reports/sdg7-data-and-projections/access-to-electricity[1][4].
  • International Energy Agency (IEA). Chad – Energy and Statistics, Targets (página oficial, 2022). Disponible en: https://www.iea.org/countries/chad.
  • World Bank (Banco Mundial). Connecting 300 million people to electricity and building a resilient future in Africa (blog, 2025)[2].
  • Inter-American Development Bank (IDB). Light for rural education: more Energy to reduce School Dropout (blog, 2019)[3].
  • International Energy Agency (IEA). Tracking SDG7: The Energy Progress Report 2022 (2022) – informe conjunto IEA/Banco Mundial/UNICEF, etc. Disponible en: https://www.iea.org/reports/tracking-sdg7-the-energy-progress-report-2022.
  • Organización de las Naciones Unidas (ONU). Goal 7: Affordable and Clean Energy – Sustainable Development Goals (página oficial). Disponible en: https://www.un.org/sustainabledevelopment/energy/.
  • Banco Mundial. SDG7 Data and Projections: Tracking SDG7: The Energy Progress Report, 2021 (2021). Washington DC: World Bank. Disponible en: https://trackingsdg7.esmap.org/.
  • Mills, E. “Electricity access advances human development…but not always” (Energy Policy, 2017).
  • IRENA & WHO. Renewable Energy for Health and Education – Framework and Programme (Renewable and Sustainable Energy Reviews, 2015).
  • World Bank. World Development Report 2018: Learning to Realize Education’s Promise. World Bank Publications (2018).

[1] [4] Access to electricity – SDG7: Data and Projections – Analysis - IEA

https://www.iea.org/reports/sdg7-data-and-projections/access-to-electricity

[2] Mission 300: Connecting 300 million people to electricity and building a resilient future in Africa

https://blogs.worldbank.org/en/climatechange/connecting-300-million-people-to-electricity-and-building-a-resi

[3] Light for rural education: more Energy to reduce School Dropout - Energía para el Futuro

https://blogs.iadb.org/energia/en/light-for-rural-education-energy-to-reduce-school-dropout/