Epidemias olvidadas que cambiaron imperios

Reconstrucción conceptual de una ciudad antigua durante una epidemia

Introducción

A lo largo de la historia, diversas epidemias han tenido un impacto profundo en el destino de imperios, reinos y civilizaciones enteras. Algunas, como la peste negra, son ampliamente conocidas; sin embargo, existe un conjunto de epidemias menos recordadas o incluso ignoradas por el público general, que alteraron paisajes políticos, aceleraron colapsos y transformaron dinámicas económicas y sociales.

Este artículo examina epidemias “olvidadas” que influyeron decisivamente en el curso de imperios antiguos y medievales, analizando su origen, propagación y consecuencias históricas.

1. Epidemias en el Imperio Romano

El Imperio Romano sufrió varias pandemias que afectaron directamente su estructura militar, su economía y su estabilidad política. Algunas de estas epidemias no forman parte del imaginario popular, pero tuvieron efectos devastadores que cambiaron la historia de Europa y el Mediterráneo.

1.1 La Plaga Antonina (165–180 d.C.)

La Plaga Antonina, probablemente causada por viruela según las descripciones del médico Galeno[1], se propagó por las rutas militares romanas tras las campañas en Oriente (guerras contra Partos y Marcomanos hacia 165 d.C.)[2]. La mortalidad fue altísima: diezmó legiones completas y redujo drásticamente la mano de obra disponible, afectando la conscripción militar[3]. Su impacto económico fue profundo: disminuyó la producción agrícola y los ingresos fiscales, agotando las arcas estatales[3]. Muchos historiadores consideran este evento un punto de inflexión que preparó el terreno para un declive prolongado del Imperio Romano[4]. Evidencias indirectas, como el plomo conservado en hielos árticos, muestran que la bonanza económica de la Pax Romana terminó bruscamente con esta epidemia, y la actividad nunca volvió al nivel anterior[5]. Es decir, la Plaga Antonina creó las condiciones para un período de crisis demográfica y fiscal del que Roma jamás se recuperó del todo.

1.2 La Plaga de Cipriano (249–262 d.C.)

Esta epidemia, de origen aún debatido, afectó simultáneamente a Roma, Egipto y regiones del norte de África a mediados del siglo III. Fuentes antiguas situaban su origen en Etiopía o en los frentes de los Balcanes, y las descripciones médicas indican fiebre alta, vómitos, diarrea intensa e incluso hemorragias o sangrado ocular, sugiriendo una enfermedad hemorrágica altamente infecciosa[6]. El impacto social fue notable: se registraron migraciones internas, abandono de ciudades y un miedo generalizado que debilitó la cohesión comunitaria. Un testigo de la época narró que la gente “huía, evitando a los contagiados; se abandonaban cadáveres por toda la ciudad... nadie cuidaba a los demás”[7], reflejando el terror colectivo. La crisis militar asociada —con fronteras presionadas por invasiones germánicas— coincidió con la epidemia; las carencias de efectivos agrícolas y soldados debilitaron al imperio[8]. De hecho, muchos historiadores ven esta plaga como uno de los factores desencadenantes de la “Crisis del Siglo III” en Roma[9]. El emperador Claudio II Gótico murió durante la última oleada en 270 d.C., ilustrando cómo la enfermedad exacerbó la inestabilidad política de esos años tumultuosos.

2. Epidemias en el Imperio Bizantino

El Imperio Bizantino, heredero del mundo romano, también enfrentó epidemias devastadoras. La más conocida es la Plaga de Justiniano, pero hubo otras olas posteriores, menos estudiadas, que moldearon la historia del Mediterráneo oriental. Tras cada brote mayor, la sociedad bizantina tuvo que reconfigurarse ante pérdidas poblacionales y presiones externas.

2.1 La Plaga de Justiniano (541–542 d.C.)

Originada posiblemente en África Oriental y propagada por rutas marítimas a través de puertos egipcios como Pelusium[10], esta epidemia de peste bubónica afectó primero a Constantinopla y luego al resto del imperio. Las consecuencias fueron catastróficas: la mortalidad fue tan alta que Constantinopla quedó paralizada durante meses; se hablaba de hasta 10 mil muertes diarias en el pico del brote[11]. Se estima que cerca de la mitad de los habitantes de la capital perecieron[12]. Cuerpos insepultos se acumulaban, el alimento escaseó y el orden social colapsó en la urbe imperial[11]. El derrumbe demográfico trastocó la estructura fiscal y administrativa: la producción agrícola cayó en las provincias diezmadas, los ingresos del Estado se contrajeron y faltó mano de obra en oficinas y campos[13]. Justiniano sobrevivió a la enfermedad, pero su imperio quedó gravemente debilitado. Aunque la administración se esforzó por reponerse, la recurrente pérdida de población y contribuyentes minó la capacidad imperial. La peste reapareció en brotes durante dos siglos siguientes[14], lo que impidió una recuperación plena del dinamismo bizantino.

2.2 Epidemias posteriores y debilitamiento del imperio

Varias olas de enfermedades, similares o derivadas de la peste, resurgieron intermitentemente entre los siglos VII y IX. Estas epidemias afectaron especialmente regiones agrícolas clave, reduciendo la producción y agravando la pérdida territorial tras las conquistas árabes. La peste recurrente entre los siglos VI y VIII —el llamado Primer Pandemónium de peste— se volvió endémica en el Mediterráneo oriental, con brotes periódicos que desaparecieron hacia ~750 d.C.[14]. Su efecto acumulativo fue devastador: zonas enteras quedaron despobladas o empobrecidas, contribuyendo a la contracción económica del imperio. Sumadas a las guerras simultáneas, estas pestilencias dejaron al Imperio Bizantino exhausto; tanto Bizancio como su rival Persia quedaron vulnerables frente a la expansión islámica repentina en el siglo VII[15]. De hecho, la prolongada guerra bizantino-sasánida (602–628) y las pestes recurrentes socavaron la capacidad de ambas potencias, que pocos años después enfrentaron las conquistas árabes sin reservas demográficas ni militares suficientes[15]. El impacto acumulado de las epidemias forzó también transformaciones internas: ante la drástica reducción poblacional, la estructura militar-administrativa bizantina se reconfiguró. Surgió el sistema temático (themata), que reorganizaba las provincias para defensa con soldados-campesinos locales, adaptándose a un imperio más pequeño y defensivo. Aunque menos mencionadas que la Plaga de Justiniano inicial, estas epidemias posteriores moldearon la transición del imperio hacia una entidad más ruralizada y resiliente. La interacción entre crisis sanitarias y militares define gran parte de la historia bizantina de los siglos VII-VIII.

3. Epidemias en imperios precolombinos

Antes del contacto europeo, los imperios americanos ya habían experimentado enfermedades internas, aunque de menor escala. Sin embargo, la llegada de nuevas epidemias desde el Viejo Mundo alteró de forma irreversible la historia de civilizaciones como los mexicas (aztecas) e incas. Patógenos introducidos—como la viruela, el sarampión y fiebres desconocidas—provocaron colapsos demográficos brutales, facilitando la conquista europea. También existieron brotes “locales” como el cocoliztli, que si bien ocurrió bajo dominio colonial español, fue una epidemia con posible origen autóctono que asoló a la población indígena superviviente.

3.1 La epidemia de cocoliztli (1545–1548) en Mesoamérica

Aunque comúnmente se atribuye la caída mexica inicial a la viruela de 1520, estudios recientes revelan que décadas después ocurrió una epidemia aún más mortífera: el cocoliztli de 1545–1548. Cocoliztli (vocablo náhuatl que significa “pestilencia”) fue una fiebre epidémica que causó entre 5 y 15 millones de muertes en la Nueva España[16], diezmando a la población indígena que ya se estaba recuperando de la conquista. Esta enfermedad, caracterizada por fiebres hemorrágicas y altas mortalidades, coincidió con una severa sequía en México central. Durante mucho tiempo su causa fue un misterio debatido; sin embargo, investigaciones genómicas han identificado ADN de Salmonella enterica en restos de víctimas, señalando que pudo tratarse de una fiebre entérica (paratifoidea C) como agente del cocoliztli[17][18]. Es decir, más que un virus hemorrágico exótico, pudo haber sido una bacteria introducida por los europeos (causante de una especie de tifoidea) exacerbada por las condiciones ambientales. En cualquier caso, la mortalidad fue catastrófica: comunidades enteras desaparecieron, la población indígena de la región cayó hasta en un 80%, acelerando el colapso de las estructuras políticas locales y facilitando la consolidación del dominio colonial[16][19]. Este episodio, casi olvidado fuera de los círculos académicos, fue quizá la peor epidemia en la historia de México[20]. Su origen específico aún se debate, lo que resalta la complejidad ecológica de las epidemias históricas: hubo probablemente una sinergia entre patógenos del Viejo Mundo y condiciones locales (sequías, hambrunas) que desencadenó la tragedia.

3.2 Enfermedades europeas en el Imperio Inca

En Sudamérica, la introducción de enfermedades europeas también trastornó el Imperio Inca (Tahuantinsuyo) antes incluso de la llegada efectiva de las tropas españolas. La viruela llegó por rutas comerciales o con indígenas esclavos desde territorios al norte, propagándose por los Andes a inicios de la década de 1520. Cuando los conquistadores pisaron suelo peruano, la viruela ya había azotado la región, ocasionando numerosas muertes, incluyendo la del emperador Huayna Cápac cerca de 1527[21]. El deceso repentino del Sapa Inca desató una guerra civil sucesoria entre sus hijos, Huáscar y Atahualpa, que dividió al imperio en facciones enfrentadas. Este conflicto interno debilitó gravemente al Tahuantinsuyo justo antes de la llegada de Francisco Pizarro, dejando provincias divididas, ejércitos diezmados y resentimientos políticos que los invasores supieron explotar. La catástrofe demográfica y política provocada por la viruela se considera un factor clave que facilitó la conquista: sin la epidemia, los españoles habrían enfrentado a un imperio más cohesionado y militarmente formidable[21]. Además de la viruela, otras enfermedades como el sarampión y la gripe arribaron en las décadas siguientes, golpeando repetidamente a la población andina. Los cronistas coloniales relatan comunidades enteras despobladas por “plagas” desconocidas, contra las cuales los indígenas no tenían defensas inmunológicas. La caída del Imperio Inca, por tanto, no se explica solo por las batallas y la tecnología europea, sino por el colapso epidemiológico que minó su sociedad desde adentro.

4. Epidemias en imperios asiáticos

Las civilizaciones asiáticas, entre ellas los imperios chino, mongol y los sultanatos de la India, también enfrentaron epidemias que alteraron profundamente su desarrollo político, militar y económico. Muchas de estas enfermedades fueron registradas en crónicas locales, pero no han sido tan estudiadas fuera de la región, a pesar de su importancia histórica. Su impacto fue decisivo en cambios dinásticos, migraciones masivas y reconfiguración territorial.

4.1 Epidemias en la China imperial

Durante diversas dinastías, desde los Han hasta los Ming, China experimentó brotes severos de enfermedades contagiosas (posiblemente viruela, peste, cólera o influenzas) que en ocasiones diezmaron poblaciones regionales. Historiadores chinos han contabilizado casi 300 epidemias graves en la historia imperial, algunas de las cuales devastaron regiones enteras y alteraron el curso dinástico[22]. Las crónicas describen mortandades masivas asociadas a períodos de hambrunas y desastres naturales (sequías, inundaciones), lo que debilitó provincias completas. Estas epidemias contribuyeron al colapso de dinastías al reducir la población agrícola y provocar caídas en la producción de alimentos, generando crisis fiscales y rebeliones internas[23]. Por ejemplo, la dinastía Han tardía (siglo II d.C.) sufrió plagas en medio de la rebelión de los Turbantes Amarillos; la combinación de peste, carestía y guerra aceleró su caída. Siglos después, la dinastía Yuan (mongoles en China) posiblemente enfrentó la llegada de la peste negra en la década de 1330, lo que habría fomentado rebeliones campesinas que dieron origen a la dinastía Ming. Durante el colapso de la dinastía Ming en el siglo XVII, se registraron brotes de peste bubónica en zonas densamente pobladas (una “peste de bubones” en 1643–44, seguida de una “peste de vómito de sangre”, síntomas que sugieren formas bubónica y neumónica)[24]. Estas epidemias coincidieron con una Pequeña Edad de Hielo (clima frío que causó malas cosechas) y con rebeliones generalizadas. La población de China disminuyó drásticamente en esa época; algunos estiman que hasta 10 millones murieron por plaga a finales de Ming[24]. A menudo, la combinación de epidemias y conflictos internos creaba un ciclo de inestabilidad que preparaba el terreno para cambios de régimen. Las nuevas dinastías que surgían tras el caos (por ejemplo, los Qing en 1644) lo hacían sobre sociedades diezmadas y reestructuradas tras la catástrofe sanitaria.

4.2 La peste en el Imperio Mongol

El Imperio Mongol, al controlar rutas comerciales transcontinentales como la Ruta de la Seda, facilitó un intenso intercambio cultural y económico en el siglo XIII, pero también la propagación de patógenos. En particular, brotes de peste bubónica en el siglo XIV afectaron caravanas, guarniciones y ciudades clave bajo dominio mongol. La unificación eurasiática de la Pax Mongolica hizo que la epidemia conocida como peste negra se propagara rápidamente desde Asia hacia Europa[25]. Evidencias históricas sugieren que la bacteria Yersinia pestis ya circulaba entre roedores de las fronteras mongolas (Yunnan/Birmania) y contagió a soldados alrededor de 1252[26]. Un brote importante de peste se documentó en China en 1331[26], y de allí viajó hacia occidente a través de las rutas de caravanas y ejércitos mongoles. Pulgas infectadas viajaban en los arreos de caballos, en la lana de camellos o en ratas que anidaban entre las mercancías[27]. Así, la misma red que aseguraba la prosperidad imperial sirvió de vía para la enfermedad. La Peste Negra (1347–1353) mató a aproximadamente un tercio de la población de China y entre un 25% y 50% de la de Europa[28], sin contar sus estragos en Oriente Medio, India y África. Aunque el corazón mongol (las estepas) estaba menos densamente poblado, las regiones sedentarias bajo su control sufrieron despoblación aguda. Demográficamente debilitados, los mongoles no pudieron mantener su autoridad sobre dominios remotos: varias provincias y pueblos sometidos se rebelaron cuando estalló la peste[29]. Estos levantamientos e interrupciones en el orden impidieron la circulación normal de tributos y mercancías, rompiendo la cohesión del imperio[29]. El flujo comercial por la Ruta de la Seda disminuyó drásticamente, privando a la elite mongola de ingresos esenciales. En consecuencia, el enorme imperio empezó a fragmentarse en distintos kanatos autónomos a mediados del siglo XIV. La peste contribuyó, así, al fin de la Pax Mongolica: lo que había sido un mundo interconectado bajo los Grandes Kanes volvió a dividirse en rutas inestables. Se puede decir que el mismo factor invisible (una bacteria) que los mongoles, sin saberlo, dispersaron a lo largo de Eurasia, terminó minando la estructura de poder que ellos habían creado.

5. Epidemias en imperios africanos

África albergó grandes entidades políticas como Mali, Songhai, Aksum o el Reino de Kongo, las cuales enfrentaron enfermedades epidémicas menos conocidas debido a la escasez de documentación escrita autóctona. Sin embargo, las crónicas árabes, los relatos orales africanos y análisis paleogenómicos modernos revelan que epidemias específicas causaron transformaciones económicas y sociales profundas en el continente. La interacción con rutas de comercio transaharianas y costeras facilitó la llegada de patógenos externos a imperios subsaharianos que hasta entonces habían estado relativamente aislados de enfermedades del Viejo Mundo.

5.1 Epidemias en el África Occidental medieval

Imperios como Mali y Songhai, prósperos gracias al comercio de oro y sal a través del Sahara, sufrieron brotes de enfermedades introducidas por caravanas provenientes del Magreb. Algunos registros árabes e indicios arqueológicos sugieren que en el siglo XIV, concomitante con la peste negra euroasiática, África Occidental también fue golpeada por una epidemia. Asentamientos importantes en la región se redujeron o fueron abandonados repentinamente en la segunda mitad del siglo XIV, lo que sugiere un colapso poblacional[30]. De hecho, nuevas evidencias históricas, genéticas y de clima apuntan a que la peste bubónica (Y. pestis) probablemente cruzó el Sahara y sembró devastación en la África subsahariana medieval[31]. La cepa bacteriana relacionada con la Peste Negra parece haber persistido en focos silvestres de África Oriental y Central hasta hoy, lo que indica aquella incursión antigua[32]. Fuera o no la peste la causante, las tradiciones locales hablan de “grandes pestilencias”: por ejemplo, en las crónicas de Tombuctú se menciona una mortandad inusual en tiempos del emperador Mali Mansa Suleyman (décadas de 1350). La disminución de mano de obra en campos y minas afectó actividades agrícolas y la extracción de oro, debilitando las bases económicas que sostenían a estos imperios. Al perderse producción y tributación, se generaron tensiones políticas internas y rivalidades por recursos menguantes. Estos eventos epidemiológicos influyeron también en movimientos poblacionales: comunidades huyeron de regiones afectadas por el contagio, reconfigurando el mapa demográfico. En un contexto de debilidad demográfica, creció la vulnerabilidad frente a conflictos regionales: por ejemplo, el Imperio Songhai del siglo XVI, ya fragmentado por disputas, pudo haber sido rematado por brotes epidémicos que diezmaban sus defensores, facilitando su caída ante la invasión marroquí de 1591. En suma, aunque las fuentes son limitadas, la evidencia disponible sugiere que las epidemias también “sacudieron” los imperios del África precolonial, socavando su prosperidad y poderío.

5.2 Epidemias en el Cuerno de África y el Reino de Aksum

El Reino de Aksum, en el Cuerno de África (actual Etiopía/Eritrea), floreció entre los siglos I y VII d.C., con estrechos vínculos comerciales con Arabia, el Mediterráneo y la India. Estas interconexiones posiblemente expusieron a Aksum a patógenos externos. Algunos estudios modernos han propuesto que la Plaga de Justiniano (541 d.C.) tuvo su origen en “Etiopía”, es decir, que la bacteria de la peste bubónica era endémica en territorios aksumitas y de ahí pasó a Egipto[33]. Esto implicaría que Aksum mismo habría sufrido esa mortífera epidemia. Coincidentemente, registros arqueológicos y paleoclimáticos señalan que en el siglo VI–VII el Cuerno de África enfrentó sequías severas, degradación del suelo por sobreexplotación y declive en la producción agrícola[34]. La combinación de daño ambiental y enfermedades resultó letal para la antigua potencia: tras 600 d.C. el comercio internacional aksumita decae abruptamente, y para ca. 700 d.C. el reino había perdido sus puertos del Mar Rojo (quedando “encerrado en tierra”)[34]. Intensas presiones sobre los recursos locales y lluvias cada vez más erráticas provocaron hambrunas, lo que, sumado a posibles epidemias, redujo drásticamente la población. Hacia el año 800, las principales ciudades de Aksum estaban en gran medida abandonadas y el poder político se desplazó hacia regiones más altas y húmedas del interior[34]. En otras palabras, el colapso aksumita fue un proceso multifactorial en el que las pestes pudieron jugar un papel acelerador junto con el cambio climático y la pérdida de rutas comerciales. La tradición etíope posterior recordaría esos siglos como una época de pruebas divinas. Aunque menos documentado que en otros imperios, el caso de Aksum ejemplifica cómo la interacción entre epidemias, clima adverso y transformaciones económicas puede precipitar la caída de una civilización sofisticada. Su gradual desaparición del escenario imperial (siglos VII–VIII) coincide con el surgimiento de reinos más pequeños y la islamización de las rutas marítimas, marcando el fin de su hegemonía regional.

Conclusiones

Las epidemias olvidadas desempeñaron un papel decisivo en el destino de grandes imperios. Más allá de las narrativas simplistas basadas solo en conquistas militares o declives morales, vemos que los factores biológicos fueron a menudo determinantes invisibles en cambios históricos. Un brote de viruela puede desintegrar un ejército invencible; una peste bubónica puede colapsar la economía más próspera; una fiebre desconocida puede sembrar el caos en el orden social establecido. Los ejemplos analizados —desde Roma hasta Aksum— muestran patrones comunes: las epidemias provocaron crisis económicas (por muerte de productores y contribuyentes), colapsos administrativos (falta de funcionarios, caos urbano), guerras civiles o invasiones facilitadas (al debilitar demografías y ejércitos), y a la postre, aceleraron la caída o transformación de imperios.

Comprender estas epidemias “olvidadas” permite reinterpretar la historia desde una perspectiva biológica y ecológica, destacando cómo agentes microscópicos moldearon macroscópicamente el rumbo del mundo. Imperios enteros, con sus conquistas y logros, pueden sucumbir ante microorganismos para los que no estaban preparados. En última instancia, la historia imperial está entrelazada con la historia de las enfermedades: del esplendor a la ruina hay a veces un patógeno de distancia. Los imperios, al igual que los organismos, tuvieron vulnerabilidades epidemiológicas que determinaron su resiliencia o colapso. Recordar estas lecciones es crucial, pues subraya que la interconexión global —ya en la antigüedad— conlleva riesgos sanitarios, y que la adaptación y respuesta a las enfermedades ha sido siempre parte fundamental de la supervivencia de las sociedades.

Referencias

  • Sabbatani, S., & Fiorino, S. (2009). “The Antonine Plague and the decline of the Roman Empire.” Infezioni in Medicina, 17(4), 261–275[3][4].
  • McConnell, J. R., et al. (2018). “Lead pollution recorded in Greenland ice indicates European emissions tracked plagues, wars, and imperial expansion during antiquity.” Proceedings of the National Academy of Sciences, 115(22), 5726–5731[5].
  • Huebner, S. R. (2021). “The ‘Plague of Cyprian’: A revised view of the origin and spread of a 3rd-c. CE pandemic.” Journal of Roman Archaeology, 34(1), 151–174[35][36].
  • Wagner, D. M., Klunk, J., Harbeck, M., et al. (2014). “Yersinia pestis and the three plague pandemics.” The Lancet Infectious Diseases, 14(10), 918–919.
  • Stathakopoulos, D. Ch. (2007). “Crime and Punishment: The Plague in the Byzantine Empire, 541–749.” Byzantine and Modern Greek Studies, 31(2), 128–146.
  • Mordechai, L., Eisenberg, M., Newfield, T., et al. (2019). “The Justinianic Plague: An inconsequential pandemic?” PNAS, 116(51), 25546–25554.
  • Vågene, Å. J., Herbig, A., et al. (2018). “Salmonella enterica genomes from victims of a major sixteenth-century epidemic in Mexico.” Nature Ecology & Evolution, 2(3), 520–528[17][18].
  • Wade, L. (2019). “Did Black Death strike sub-Saharan Africa?” Science, 363(6431), 1022–1023[30].
  • Harper, K. (2017). The Fate of Rome: Climate, Disease, and the End of an Empire. Princeton University Press.
  • Butzer, K. W. (1981). “Rise and Fall of Axum, Ethiopia: A Geo-Archaeological Interpretation.” African Archaeological Review, 1, 173–187[34].
  • Ibn Khaldun (1377). Al-Muqaddimah: Prolegomena to History. (Trad. F. Rosenthal, 1958). Princeton University Press – capítulos describiendo la plaga de 1348 y sus estragos en el mundo islámico.
  • Sahagún, B. de (c. 1577). Historia General de las Cosas de Nueva España (Códice Florentino). Libro XII, cap. XVII[37] – relato náhuatl de la epidemia de 1520 (viruela) y sus efectos.

[1] [2] [3] [4] [The Antonine Plague and the decline of the Roman Empire] - PubMed

https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/20046111/

[5] [9] Ice-core study sheds light on ancient European civilisations | University of Oxford

https://www.ox.ac.uk/news/2018-05-17-ice-core-study-sheds-light-ancient-european-civilisations

[6] [7] [8] [35] [36] Plague of Cyprian - Wikipedia

https://en.wikipedia.org/wiki/Plague_of_Cyprian

[10] [11] [12] [14] Plague of Justinian | Description, Origins, Death Toll, & Facts | Britannica

https://www.britannica.com/event/plague-of-Justinian

[13] Byzantine Empire - Wikipedia

https://en.wikipedia.org/wiki/Byzantine_Empire

[15] Arab–Byzantine wars - Wikipedia

https://en.wikipedia.org/wiki/Arab%E2%80%93Byzantine_wars

[16] [19] [20] Cocoliztli epidemics - Wikipedia

https://en.wikipedia.org/wiki/Cocoliztli_epidemics

[17] [18] Salmonella enterica genomes from victims of a major sixteenth-century epidemic in Mexico - PubMed

https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/29335577/

[21] Viruela - Wikipedia, la enciclopedia libre

https://es.wikipedia.org/wiki/Viruela

[22] Reflections | China has been plagued, and shaped, by epidemics

https://www.scmp.com/magazines/post-magazine/short-reads/article/3114327/china-has-been-plagued-and-shaped-epidemics-it

[23] Epidemics in Ancient Imperial China – Myths, Facts and Lessons for ...

https://www.auctoresonline.org/article/epidemics-in-ancient-imperial-china--myths-facts-and-lessons-for-posterity

[24] Living in Dangerous Times: Liu Rushi and the Late Ming Epidemics

https://blogs.soas.ac.uk/soashistoryblog/2021/06/01/living-in-dangerous-times-liu-rushi-and-the-late-ming-epidemics/

[25] [26] [27] [28] [29] Pax Mongolica - Wikipedia

https://en.wikipedia.org/wiki/Pax_Mongolica

[30] [31] [32] Did Black Death strike sub-Saharan Africa? - ADS

http://ui.adsabs.harvard.edu/abs/2019Sci...363.1022W/abstract

[33] Insights from past millennia into climatic impacts on human health ...

https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC3324023/

[34] The Decline and Collapse of the Kingdom of Aksum (6th-7th CE): An Environmental Disaster or the End of a Political Process?

https://www.researchgate.net/publication/365642073_The_Decline_and_Collapse_of_the_Kingdom_of_Aksum_6th-7th_CE_An_Environmental_Disaster_or_the_End_of_a_Political_Process

[37] File:FlorentineCodex BK12 F54 smallpox.jpg - Wikimedia Commons

https://commons.wikimedia.org/wiki/File:FlorentineCodex_BK12_F54_smallpox.jpg